Dos reacciones desde Rancagua


“Aysén, la estación del olvido” y el Grupo Achén

María Angélica Muñoz

Cuando leí la novela “Aysén: la estación del olvido”, sucedió lo que suele pasar con los libros que me llegan al alma; la sensación de sentirme parte de la historia, ser una observadora de la realidad que se describe, estableciendo por medio de las palabras una conexión invisible con el autor.

Imaginar a los personajes, los paisajes descritos, las situaciones, hasta los colores, aromas y sabores la hizo ser una obra de esas que enganchan y dan ganas de leer sin detenerse. Al terminar la lectura y cerrar el libro quedar con la emoción de haber pertenecido a cada escenario descrito.

Pocas veces me hago expectativas respecto a la calidad de de una novela llevada al cine o al teatro, porque la experiencia enseña que siempre es mejor el libro que la puesta en escena, pero el trabajo realizado por la compañía de teatro Achen, definitivamente rompió todos mis esquemas.

El trabajo de los actores: su capacidad de captar la esencia más profunda del libro, la forma de recrear los lugares, los textos elegidos, las voces y sus entonaciones, las imágenes, el sonido, el color resaltan de manera maravillosa la creatividad de Carlos Aránguiz, y cada actor desde su singularidad me hizo emocionar en más de una ocasión, también sonreír.

Pareciera que la clave del vinculo entre autor y actores está en el amor y el conocimiento de las tierras ayseninas ya que sin conocerse previamente logran invadirnos de una emoción que nos encanta y es parte de la proyección que desde el ojo del espectador la hace una obra que impacta, que llega al alma que no deja indiferente. Definitivamente un deleite visual regalado desde Aysén.

Aysén la estación del olvido: la unión hace la fuerza

Mauricio Astudillo Pizarro
Director Agrupación Cultural Francachela-Chile

Una iniciativa de la Agrupación Cultural Francachela que encontró inmediata respuesta en Ximena Nogueira, Directora Regional del Consejo de la Cultura y las Artes de la Región de O’Higgins y que a su vez contó con el apoyo del Consejo de la Cultura de la Región de Aysen, permitió que pudiéramos tener en la ciudad de Rancagua un verdadero producto de exportación de la Undécima Región.
“Aysen: la estación del olvido” es la obra de teatro que, basada en la novela del mismo nombre del escritor Carlos Aránguiz, adaptada por el destacado dramaturgo nacional Gustavo Meza, constituye un verdadero patrimonio de la identidad cultural de la Patagonia chilena y, como tal, sabemos que será apreciada por los habitantes de esas latitudes. Gracias al talento de los miembros del Teatro Achen, dirigidos por Rodrigo Fuentes, es posible avizorar en lontananza esos parajes australes donde la naturaleza marca una impronta insoslayable en las personas cuyas historias merecen ser contadas.
En los baúles del Teatro Achén palpita la Patagonia, allí corren sus ríos nacidos de los glaciares, allí está la pampa y el coironal peinado por la ventisca, allí están también las praderas y esos troncos muertos, desnudados por el fuego, algunos aún erguidos como índices suplicantes o como los escombros de los torreones centinelas de una ciudad arrasada en otra época. Sí, pero en esos baúles sueña también la Trapananda en la ingenuidad de los niños que imaginan un tren y dibujan su locomotora bautizándola “El Pilchero”, en la candidez de Joaquín, el jefe de estación y en el valor de la historia de cada habitante de esa tierra.

 

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